Primaria Navidad (IV)

El nuevo día empezó soleado, en la radio,  Fernando Picón relataba las últimas noticias del día, era común las noticias de atentados terroristas y desaparición de personas por parte de los militares.

Ese lejano Jueves 22 de Diciembre  seria el último día  de clases de  educación física, y el profesor deseaba hacer una ultima practica de lanzamiento de disco, para lo cual al inicio del último bimestre nos había encomendado conseguir este elemento deportivo, la mayoría lo habíamos mandado hacer en el carpintero Llallico, este personaje había sido el causante de severas reprimendas hacia nosotros de parte del profesor Adolfo,  porque demoró en demasía   la entrega de los discos de madera , por paradojas de la vida, las clases de lanzamiento las hacíamos fuera de la escuela porque necesitábamos espacios abiertos grandes, estas características las encontró el profesor  frente al taller del carpintero, que quedaba en camino al cementerio general de Jauja. Aquel día,   luego del enjuagatorio bucal con Flúor, que no estuvo exento de momentos cómicos, salimos de la escuela y  enrumbamos por todo el jirón Tarapacá,  cuando ya estábamos cerca del descampado y por lo tanto del taller, se me acercó  Albino, que como yo, todavía tenia grabada en la mente, la palabras de llamada de atención de  hace dos meses, decidimos  fastidiar y cobrar venganza del carpintero,  estábamos ansiosos, sentíamos que era la ultima oportunidad para dejar en claro nuestra posición de reclamo después de haber sido tratados como unos infantes a los que se puede fallar sin pizca de vergüenza,  por esos días, nos mofábamos a escondidas  de nuestro querido profesor con la canción de moda, Loco Vox, cambiando la descripción a Calvo Vox, esto sumado a los hilarantes bailes de los compañeros que imitaban grotescamente a los estrambóticos integrantes del grupo Locomia. Ante la premura decidimos cambiar nuevamente las letras y aprovechando que Adolfo siempre tomaba la delantera, nos retrasamos un grupo de cinco o seis, los cuales ingresamos de sopetón  al taller del carpintero y empezamos a entonar Viejo Fox., viejo fox, seré tu esclavo… Viejo Fox, el carpintero,  que al  momento del ingreso  estaba trabajando esforzadamente con un berbiquí,  levantó la mirada,  por sus gestos presumí que nos reconoció, estaba furioso, en sus ojos hervía la sangre, era evidente el mal rato que le habíamos causado, ya habiendo cumplido nuestro cometido salimos corriendo, en reacción de impotencia, el sexagenario  arrojó por los aires en dirección hacia nosotros   la herramienta con la que estaba laborando, que por suerte nuestra, cayó contundentemente sobre  su puerta.

Alcanzamos al grupo entre risotadas, en mis fueros internos me puse a tejer los recuerdos recientes que tenia del carpintero, según supe por mis visitas y por las referencias de mi abuela, el maestro Llallico era un hombre al que le gustaba leer, cerca a la puerta de ingreso a su  taller había un gran escritorio donde siempre había el  periódico del día, un diccionario y un libro a medio leer, por estas razones, pude inferir que el maestro Llallico  entendió la palabra inglesa fox, sonreí con la conclusión y seguí el rumbo.

La clase  se desarrollaba con normalidad, terminada la primera  hora hicimos un receso de diez minutos,  en el reinicio hubo cierto desorden porque algunos para practicar empezaron a realizar lanzamientos e inmediatamente corrían para recoger sus discos, en ese ínterin nuestro compañero Jorge Reyes  regresaba del recojo  y de repente observamos como un disco surcaba los aires en dirección contraria de el, el disco fue descendiendo hasta dar secamente sobre la frente de Reyes, este se desplomó y  nosotros corrimos para brindar auxilio, al llegar nos dimos cuenta que sangraba profusamente pero estaba conciente, estaba mas bien  aturdido, Adolfo agarró su pañuelo y lo puso sobre la frente de Reyes, dio rápidas indicaciones a Leyton y Yupanqui para que se hicieran cargo de hacer volver a todos los compañeros a la escuela , el por su parte indicó que llevaría a Reyes al Hospital para que lo atiendan.

Como quedó una hora libre y estábamos cerca al cementerio,  convenimos  con los dos brigadieres para poder hacer una visita al campo santo, la idea fue de Martínez, el más excéntrico de todos los compañeros, nos había convencido para explorar  la tumbas  mas antiguas y el pabellón donde reposaban eternamente los restos de los extranjeros que llegaron a inicios del siglo a nuestra ciudad, con el fin de curarse de la tuberculosis,  gracias al clima seco de nuestra tierra.

Acerca de palabrasdeJauja

Aficionado a la literatura, tengo buenos y malos sentimientos, es dificil describirse y no caer en la hipocresia, espero que me conozcan un poco a través de esta bitácora.
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Una respuesta a Primaria Navidad (IV)

  1. Joel Navarro dijo:

    Me acuerdo de algunas cosas, pero la mayor parte es como leer una nueva historia, que bueno que tu memoria sea tan clara, me acuerdo si muy bien de los miercoles de feria y como me escabuia entre las personas que parecian gigantes bruscos, tambien los recuerdos de aquellas epocas de terrorismo que nadie puede olvidar, historias que tienen que mantenerse vivas en libros y relatos, para que los jovenes sepan el daño que hace actuar de esta forma, que la violencia solo trae desgarcia. Saludos.

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