Primaria Navidad (V)

Los eucaliptos gigantes de la entrada del cementerio nos dieron la bienvenida, el viento soplaba y el sonido de las ramas era desolador, observamos además que las paredes tenían pintas de “Viva el Presidente Gonzalo”, la confusión y el misterio se apoderó de nuestra conversación, nosotros sabíamos que el presidente era Alan García, se lanzaron diversas teorías, las cuales iban desde que era un sanguinario guerrillero hasta que era un candidato para el año siguiente. Cerca al mediodía era muy poca la gente que asistía al camposanto, así que parecía todo dispuesto para nuestra visita intempestiva, los pabellones cerca a la entrada fueron los primeros que exploramos, sentíamos haber retrocedido muchos años, había tumbas de finales del siglo XIX e inicios del XX, eran muchas tumbas de alemanes, italianos, japoneses, franceses y en menor escala de ingleses, las lápidas estaban escritas en sus idiomas originarios lo cual nos causaba gran expectativa, de repente ya estábamos en competencia por quien encontraba la tumba más antigua, la más extravagante, etc. Nos aprestábamos a salir, cuando el compañero Lozano, cuyo papá era policía, sugirió visitar la fosa común, nos recordó que en Abril en el distrito de Molinos se había producido el mayor enfrentamiento armado entre los terroristas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y el ejército, los combatientes del MRTA en su gran mayoría fueron depositados en la fosa común, creo que alentábamos la ilusión de ver balas, armas, uniformes o no sé qué, pero aceptamos la propuesta.

Recorrimos todos los pabellones, después pasamos por las tumbas bajo tierra para finalmente dar con el descampado que por efectos de las lluvias, muy comunes en el mes de Diciembre, habían formado lodazales que en ese mediodía había dejado la tierra muy húmeda, lo cual fue propicio para empezar a escarbar con ayuda de palos, exactamente no sabíamos lo que buscábamos pero cavábamos con energía, al cabo de unos minutos ya teníamos un forado de 30 centímetros aproximadamente, tomamos aliento y continuamos, hasta que el grito de Galarza nos detuvo, nos señaló hacia el suelo y teníamos en frente cabellos que asomaban, nos quedamos petrificados unos segundos, y ya frenéticos como estábamos continuamos hasta descubrir toda la anatomía del difunto, y efectivamente se trataba de un combatiente, llevaba indumentaria militar y un trapo rojo y blanco cubría parte de su rostro, había restos de sangre seca sobra su ropa, se notaba también que había sido cubierto con abundante cal, no vimos nada de armamento y medio desilusionados y ya habiendo pasado la etapa de éxtasis emocional procedimos a cubrir el cuerpo. Nuevamente Martínez, el compañero ideólogo de la visita al cementerio, mencionó que su abuelo le había relatado que las calaveritas cuidan las casas y que ya estando ahí, él quería su calaverita, no estuvimos muy convencidos pero un grupo liderado por Pepe Martínez empezó a cavar lejos de la zona donde hacia un rato habíamos vuelto a enterrar al emerretista desconocido.

La hora ya marcaba 12 con 40 minutos, teníamos la premura de ir a la escuela, y estábamos a punto de abandonar al grupo de excavadores, cuando su tarea le dio frutos a Martínez, este no encontró una calavera sino dos, estaba contentísimo con su tesoro fúnebre, en gesto de “bondad” ofreció una calavera al grupo que lo apoyó, Agüero tomó una de ellas y emprendimos la retirada, en la puerta principal del cementerio nos encontramos con el panteonero Cuyubamba, este nos miró extrañado, ver una treintena de infantes salir de un cementerio debió ser algo poco común.

Llegamos a la Plaza de la Libertad justo al momento en que un cortejo fúnebre se dirigía al cementerio, este entierro era acompañado por una banda típica de la provincia, tocaban los huaynos que a decir de los familiares eran del gusto del difunto, sonreímos al ver que los cargadores hacían el ademán de hacer bailar el féretro al ritmo de la música, seguimos por el Jirón Bolognesi hasta llegar a la escuela, recogimos nuestras cosas y salimos, en el umbral de la puerta el portero Canchaya nos informó que el profesor Adolfo había llegado junto con Reyes y que seis puntos de sutura adornaban la frente del pobre Reyes, además dijo, que había preguntado por nosotros pero salió inmediatamente para llevar a nuestro compañero a su casa.

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Acerca de palabrasdeJauja

Aficionado a la literatura, tengo buenos y malos sentimientos, es dificil describirse y no caer en la hipocresia, espero que me conozcan un poco a través de esta bitácora.
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